Cuidado, lobby suelto

Se reunén con periodistas solo bajo estricta confidencialidad y producen material para “educar” a sus empleados. Mientras actúan en la sombra, se expresan públicamente a través de sus sociedades y cámaras de negocio. Las marcas detrás de las cosas que amamos comer y beber, tienen hace meses un único objetivo: evitar a toda costa que en Argentina se sancione la ley de etiquetado frontal de alimentos.

Seguir leyendo

Impuestos a las bebidas azucaradas: las tres victorias

Por: Redacción Bocado

El 4 de marzo de cada año se celebra el Día Mundial de la Obesidad. Sin embargo, lejos está de ser una celebración despreocupada como Pascuas o Navidad. En el año 2016 se estimó que el 62,5% de los adultos en las Américas sufrían de sobrepeso u obesidad. En la escena del crimen tenemos un culpable – las grandes empresas- y un arma -sus productos ultraprocesados-. 

La Organización Panamericana de la Salud (OPS), presentó pocos días atrás la publicación de una nueva investigación acerca de los llamados impuestos saludables, una nueva medida para desincentivar el consumo de productos que no siempre pueden ser calificados como alimentos.

Uno de los impuestos actualmente en discusión apunta a las bebidas azucaradas, por reconocerlas un gran enemigo de la salud pública. Ello porque sus cantidades de azúcares agregadas son altamente riesgosas, aunque eso no ha generado que su consumo disminuya. Solo aumenta. Se registró un crecimiento del 48% entre el año 2000 y el año 2013 en América Latina.

Según el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) casi el 19% de todas las muertes en el continente se deben a una alimentación inadecuada. Estos datos son alarmantes, pero no sorprendentes, sobre todo si se considera que, de acuerdo con lo compartido por la OPS, la región de las Américas ostenta el consumo diario de bebidas azucaradas más alto del mundo. En zonas como el Caribe, lo consumido llega incluso a ser de hasta 1,9 porciones de 8 onzas por adulto cuando el nivel mundial recomendable está establecido en 0,5 onzas.

Lo que nos llega como supuesta comida es aberrante, explican expertos en alimentación. Enrique Jacoby, asesor sobre Nutrición y Actividad Física de la OMS, afirman que “Estos productos no están diseñados para satisfacer las necesidades nutricionales de las personas. Están diseñados para que se conserven por mucho tiempo en los estantes y generan deseos incontrolados de consumo que llegan a dominar los mecanismos innatos de control del apetito y hasta el deseo racional de dejar de comer. Por eso resultan doblemente perjudiciales: son casi adictivos y eso lleva aumentar el sobrepeso y la obesidad al tiempo que sustituyen los alimentos frescos, que son la base de una dieta natural rica en nutrientes”

La obesidad adulta e infantil es grave hasta puntos que jamás imaginamos. Durante el lanzamiento de los resultados de la investigación, la Doctora Lisa Powell expuso en una de las diapositivas una información sumamente importante. Si bien siempre hablamos de que la obesidad deviene en menor utilidad, provocando una desigualdad en sectores como la salud y el bienestar, es sorprendente que hasta en lugares recónditos la diferencia aparece. Los adultos obesos, por ejemplo, tienen la tendencia a gozar de menores salarios, mientras que los niños con obesidad usualmente obtienen resultados bajos en sus exámenes, padeciendo de adquirir sus habilidades de manera más lenta.

Ante este presente de obesidad, ultraprocesados y daños a la salud, sigue la búsqueda de soluciones. Y en ese sentido, la OPS propone impuestos sobre las bebidas azucaradas porque, al incrementar significativamente el precio del producto,  el consumidor podría elegir comprar botellas de agua, más saludables y económicas.
Considera la OPS que no es solo el consumidor promedio se beneficiaría. Con ese valor agregado se generaría un ingreso extra que podría utilizarse, por ejemplo, como subsidio de la infraestructura de agua potable; subsidio de frutas y hortalizas para los grupos de ingresos bajos; subsidio de comidas saludables en las escuelas y otras medidas con objetivos similares.
Se obtendría una triple victoria (win-win-win, como lo llaman en inglés). Reducir el consumo de productos no saludables, beneficiando así a la salud; generar ingresos al Estado; y a largo plazo reducir costos de atención médica.

¿Por qué tanto interés en las bebidas azucaradas? Porque son también una de las causas de las ENT (enfermedades no transmisibles), tales como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la diabetes. Enfermedades que cada año causan la muerte de  41 millones de personas, lo cual representa un 71% de la mortalidad mundial. Evidencia científica publicada recientemente afirma incluso que las personas con enfermedades no transmisibles tienen un mayor riesgo de sufrimiento de complicaciones graves si se contagian de COVID-19. Y en casos de otros productos dañinos para la salud como el tabaco o el alcohol, los impuestos han demostrado ser de las intervenciones más rentables y factibles para la prevención de las ENT, por lo que podríamos pensar que aplicarlo a las bebidas azucaradas nos llevaría a resultados similares.

Un punto polémico es qué tipo de impuesto aplicar según el contexto. La OPS realizó un extenso análisis de los tipos de impuesto existentes que podrían servir y como conclusión recomienda un impuesto del 20% a las bebidas azucaradas para así generar un impacto significativo en el precio. Un impuesto del 24% podría generar una reducción en ventas del 34%, apuntó la doctora Powell.

Sin embargo, la Doctora Arantxa Colchero añadió que el impuesto no es suficiente. Se necesita complementar con otras medidas como el rotulado frontal de alimentos o la restricción de alimentos ultraprocesados en escuelas, todo un paquete de “des-incentivos” de productos chatarra (además de incentivar el consumo de alimentos saludables). 

Pero hay un gran escollo: la industria. Durante años ha priorizado sus rendimientos económicos y ha utilizado excusas como que los impuestos harían perder fuentes de trabajo. Consciente de esa estrategia, la OPS -autoridad internacional en materia de salud- incluye en su propuesta soluciones como impuestos calculados por países y el ejemplo de México, donde el modelo ya fue probado sin que se tradujera en pérdidas reales de trabajos.

Ya se ha probado que las bebidas azucaradas causan enfermedades no transmisibles, de obesidad y de sobrepeso, ¿les llegará un límite?

La ciencia expone a los ultraprocesados

Por: Redacción Bocado

Los productos ultraprocesados representan en países como México, Canadá y Estados Unidos entre el 25% y el 60% de la ingesta energética total de cada individuo. Aunque la industria se encarga de ocultar cierto tipo de información, día a día son publicadas investigaciones científicas que prueban el perjuicio que significa su consumo, tan grave que aumenta los riesgos de muerte

“México está sufriendo el mayor deterioro de sus hábitos alimenticios que se ha presentado en toda su historia”. Así comenzaba el miércoles 3 de febrero un evento online realizado por la organización El Poder del Consumidor y dedicado a la exposición de tres investigaciones científicas acerca del consumo de ultraprocesados.

Joaquín Marrón Ponce, del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública de México, expuso las tendencias de consumo en algunos países de América Latina con datos sorprendentes. Por ejemplo, que en 2013 en México eran vendidos anualmente 214kg de ultraprocesados per cápita y el segundo país de mayores ventas fue Chile con 201.9kg.

Marrón Ponce también mostró que Chile, Brasil, Colombia y México el 80% de la población ingiere más azúcares añadidos que el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el mismo evento, la doctora Maira Bes-Rastrollo expuso la investigación titulada “Mortalidad asociada al consumo de ultraprocesados en la cohorte SUN”. El proyecto SUN (Seguimiento Universidad Navarra), que comenzó a finales del 1999, consiste en un registro del estilo de vida y la actividad física a más de 19.000 individuos considerando las variables sociodemográficas.

Según los resultados, el 30% de los ultraprocesados consumidos son carnes procesadas y bebidas azucaradas. Un dato preocupante que el estudio reveló es que a partir del tercer año de seguimiento la incidencia de mortalidad crece para el 50% de la población que más ultraprocesados consume, y solo va acrecentándose con el tiempo.

Por último, uno de los datos más inauditos que explicó la doctora Bes-Rastrollo fue que “A partir de 5 raciones al día de consumo de estos productos se observa un riesgo significativo de muerte. Si esta ingesta se duplica aumenta el riesgo en 18%”. La investigación indicó que existía un incremento del riesgo de mortalidad de hasta un 62% para quienes consumían más de cuatro raciones de ultraprocesados por día en comparación a quienes consumían menos de dos.

Otra de las ponentes, la doctora Hyunju Kim, de la Universidad Johns Hopkins, evaluó la situación de más de 11.000 personas mayores de 20 años mediante cuestionarios. Una conclusión importante es que los adultos con mayor riesgo de mortalidad son aquellos con un alto nivel de consumo de ultraprocesados, aunque no padezcan  enfermedades crónicas.

Otra conclusión alarmante fue la arrojada al dividir a los 11.000 individuos en cuatro grupos dependiendo de su consumo: los que estaban catalogados en el grupo de más alto de consumo de ultraprocesados poseían un 31% de riesgo de muerte más alto.

Además de lo expuesto en el foro, existen artículos de divulgación científica que exponen los deterioros que estos productos causan.

Publicado en el International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, una investigación llevada a cabo mediante cuestionarios en un grupo de más de 91.000 participantes de la población estadounidense concluyó que: “El alto consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con mayores riesgos de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y cardíacas. Estas asociaciones dañinas pueden ser más pronunciadas en las mujeres”.

Otro artículo, centrado en fumadores, es “Ultra-Processed Food Intake (UPF) and Smoking Interact in Relation with Colorectal Adenomas”, que estudia la relación entre la ingesta de ultraprocesados y el consumo de cigarrillos: “Entre los fumadores, la alta ingesta de ultraprocesados se asocia de forma fuerte e independiente con adenomas colorrectal, especialmente para el adenoma avanzado y proximal.” Es decir, en población fumadora se establece una asociación entre tumores benignos y alto consumo de ultraprocesados.

Carlos Monteiro, profesor de la Universidad de Sao Paulo y Miembro del Grupo Asesor de Especialistas en Recomendaciones de Nutrición de la OMS, por medio de su cuenta en Twitter compartió numerosos artículos científicos sobre estos temas: “¡La afirmación que oí muchas veces que indica que los problemas de salud causados por los ultraprocesados eran solamente una hipótesis convincente necesita una urgente revisión!”


Etiquetado en Brasil: un manual de lobby

¿Puede la cría de vacas ser todo lo contrario a lo que viene siendo? ¿Pueden las manadas volver fertiles los suelos, salvar el clima, ser sinónimo de alimento que no sea cruel ni violento? La ganadería regenrativa asegura que sí. Que aunque escasa –porque no hay tantas praderas como carnívoros- y cara e inevitablemente entonces excluyente hay ahí una oportunidad para no dejar el asado.

Seguir leyendo

Una infancia comercializada

Por: Redacción Bocado

El 23 de febrero la asociación civil mexicana El Poder del Consumidor llevó a cabo vía remota una conferencia enfocada en la voraz publicidad que apunta su mira a los niños. Alejandro Calvillo, su director, se encargó de introducir y moderar el evento (disponible en YouTube). En cuanto a oradores, el encuentro contó con la presencia de dos figuras de directa conexión con el tema: la doctora Susan Linn, experta de porte mundial en el impacto de la publicidad en niños y docente en Harvard, y con el psicólogo Juan Martín Pérez García, Director Ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).

México se encuentra hace décadas en una situación crítica. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) arrojó en 2016 datos escalofriantes: el 33,2% de los niños entre 6 y 11 años presentan sobrepeso y obesidad. En el caso de los adolescentes de entre 12 y 19 años el 36,3% es poseedor de este problema. Según informó la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en septiembre de 2019, este país ocupa el primer lugar en obesidad infantil y el segundo obesidad adulta. Si bien el dato resulta alarmante, al saber que cerca del 40% de las calorías ingeridas al día por quienes están en edad preescolar son obtenidas de productos ultraprocesados, no puede resultarnos sorprendente. 

“Los niños son altamente vulnerables y las empresas aprovechan esta vulnerabilidad para manipularlos”, dijo Calvillo al momento de comenzar la conferencia. La niñez es tal vez la etapa de mayor riesgo de influencia en la vida de un ser humano. Nuevos en el mundo, todo estímulo del exterior resulta ser una nueva manera de percibir y comprender. En este período, en el que el niño presenta la capacidad de ser moldeable al gusto del publicista, el objetivo del marketing no parece ser otro que el de influir en su toma de decisiones para favorecerse a sí mismos. En términos sencillos, aprovechan la debilidad para llenar sus bolsillos.

Eso que les venden, según Alejandro Calvillo, “No son alimentos. Son comestibles y bebibles”. Es en perjuicio de su salud que las grandes compañías, para venderles ultraprocesados rebosantes de azúcar agregada, utilizan personajes ficticios con los que crean un vínculo, colores atractivos que se hacen imposibles de evadir en la góndola y canciones pegadizas que los niños, años después, seguirán teniendo en su memoria.

Una de las técnicas más prósperas de la mercadotecnia dirigida a los niños ha sido la elaboración de personajes ficticios a los que se les adjudica un nombre fácil de recordar y una personalidad. Estos personajes se vuelven la característicos del producto, como la mascota de los equipos de beisbol. Sin embargo, va más allá de lo esperado. Los niños forman un vínculo afectivo con estos personajes que los vuelve, en cierto modo, dependientes de que esa figura esté presente en momentos como su desayuno previo a la escuela. Chester Cheetos, el Tigre Toño, el Osito Bimbo o Pancho Pantera son ejemplos de cómo el marketing ha logrado introducirse en los cerebros de los niños, generando personajes que se vuelven inolvidables para ellos.

México ha debido accionar ante esta atroz realidad. Mediante la Norma Oficial Mexicana 051 de la Ley General de Salud, los productos preenvasados que ostentan uno o más sellos negros octagonales no pueden incluir en la etiqueta ni personajes infantiles, ni animaciones, dibujos animados, celebridades, deportistas o mascotas. De esta manera, el gobierno de López Obrador (presidente de México) pone una traba a la feroz publicidad que apunta a los niños.

Muchas veces se entiende a la mercadotecnia como la oferta estratégica de un producto que tiene como fin venderlo a terceros. Sin embargo, no es este su único resultado. “El marketing no solo vende productos, también les vende a los niños comportamientos y valores” dijo Susan Linn durante su exposición. Además de obtener el apego de los niños al producto, la publicidad condiciona su manera de ser y su manera de entender.

Hoy en día la hiper conectividad provoca la posibilidad de generar perfiles específicos de cada individuo. Esto implica que la publicidad dirigida a cada persona será personalizada desde sus gustos, lo que permitirá una mayor precisión a la hora de ofrecer ciertos productos. La edad tampoco supone una restricción para los publicistas. “El marketing empieza en los bebés” explicó Linn.

Las campañas de marketing actualmente están divididas en distintos programas de acuerdo a las edades a las que apuntan, para poder “comenzar a entretejer la vida de los niños a la marca”.

¿Qué ocurre con la creatividad de los niños al encontrarse siempre con personajes ya armados? Susan hace referencia al tema con una analogía sencilla que consiste de tres partes. Al principio muestra al niño una marioneta conformada por una media y dos botones. Luego, muestra una marioneta en forma de caballo, y al final presenta a un muñeco icónico en los Estados Unidos, el monstruo de las galletas. El resultado arroja que los niños estimulan su creatividad de maneras sorprendentes al jugar con la media en forma de marioneta, inventándole distintos nombres y personalidades, mientras que, al tratarse del monstruo de las galletas, nada pueden crear. Todo lo referente al monstruo de las galletas ha sido creado por publicistas. Lo que se desprende de esta metáfora es que los personajes ficticios en cuestión no solo perjudican la salud de los niños, sino que provocan una clara erosión de su creatividad.

Por otra parte, existen consecuencias indirectas causadas por las lamentablemente efectivas estrategias de promoción que utilizan las grandes compañías de ultraprocesados. Una de ellas es el daño al medio ambiente debido a que usualmente es plástico el material de empaque de estos productos.

Dada la evidente efectividad del uso de personajes a la hora de publicitar un producto, parecería plausible aplicar el mismo sistema con alimentos saludables que aporten a la dieta del niño. Sin embargo, Susan Linn desaprueba la conducta en todos sus aspectos. El foco, según Susan, debe estar puesto en que los individuos elijan la comida que consumen en base a sus valores nutritivos, y no porque un personaje o una celebridad lo recomiendan. La construcción de buenos hábitos es la prioridad, y las estrategias nocivas de marketing no deben intervenir en ello. Para Susan el marketing debería estar regulado, ya que, a través de la publicidad, los niños aprenden que la felicidad viene de lo que uno tiene.

Vemos entonces un irresoluble cruce de intereses entre los niños y las corporaciones. “Los chicos necesitan amor, oportunidades para crecer y jugar, comida saludable y protección. Las corporaciones necesitan ganancias” explicó Linn. Las familias solas no pueden contra las grandes corporaciones. Son las regulaciones legislativas sobre la publicidad lo que genera un cambio en el consumo y en la vida diaria de cada niño.

Las cartas envenenadas de Bayer-Monsanto contra México

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cerró 2020 prohibiendo la producción de maíz transgénico y la utilización de glifosato. En estos días una investigación publicada en el diario inglés The Guardian saca a la luz la feroz presión que la industria buscó ejercer en el gobierno en vísperas al decreto.

Por: Redacción Bocado

López Obrador puso fin al 2020 con un decreto en favor de la preservación de la soberanía alimentaria mexicana: prohibió de una vez por todas la siembra y cultivo de maíz transgénico (y el consecuente uso de glifosato) en el territorio mexicano. Así, se estableció el último día del mandato del presidente (31 de enero de 2024) como fecha límite de un período de transición que servirá a México para obtener alternativas que “permitan mantener la producción y resulten seguras para la salud humana, la diversidad biocultural del país y del ambiente”.

Decretado esto, queda claro que el glifosato Roundup, el herbicida más vendido del mundo, creado por la compañía Monsanto hoy en manos de Bayer, permanece afuera del país. Es un gran desafío para México: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía señaló que más de un 60% del territorio de producción mexicano utiliza herbicidas químicos.

Lo que a nadie podía escapársele era que la multinacional que hasta hoy, y pese a la clasificación de posible cancerígeno otorgada por el Centro Internacional de Investigaciones sonbre el Cancer (IARC, OMS),  sostiene la inocuidad de su producto, iba a dar batalla.

Hace al menos un año Bayer lidia con el fallo en contra que emitió la corte estadounidense tras una demanda multimillonaria encarada por usuarios del producto hoy víctimas de cancer. Y parece que ese contexto les ha ayudado a pulir sus argumentos a favor del glifosato, todos plasmados en correspondencias secretas sostenidas entre funcionarios del gobierno de Donald Trump y representantes de esa industria.

El periódico The Guardian expuso el martes por la mañana la correspondencia electrónica de la empresa químico-farmacéutica Bayer Monsanto y del lobby de compañías agroquímicas CropLife America con funcionarios de Estados Unidos que tenía como fin presionar al gobierno mexicano para que no llevaran a cabo el decreto que prohibía el herbicida. Estos e-mails fueron obtenidos mediante una solicitud de transparencia por parte de la ONG Centro para la Diversidad Biológica (CBD), y luego compartidos con el medio británico.

Es comúnmente sabido como el lobby industrial entabla una férrea relación con el poder a la hora de resolver sus problemas. Sin embargo, lo que olía a podrido en Dinamarca ahora está expuesto ante todos. Uno de los ejemplos más claros de esto es uno de los e-mails enviados por una representante de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) a un miembro de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) con un planteo crudo: “ver cómo podríamos usar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA) para resolver estos problemas”. Y es mismo Matthew Siordia, director de USMCA, quien había recibido un e-mail pocos meses atrás que indicaba como la industria agroquímica estaba “presionando” a los Estados Unidos para que incluyeran el asunto en el Tratado.

La alarma para la industria química se encendió a finales de 2019, luego de que México rechazara seguir importando glifosato de China. A fin de ese año Stephanie Murphy, ejecutiva de asuntos gubernamentales de Bayer envió un e-mail a una de las directoras de USTR, vaticinando que, si bien de momento los problemas económicos no habían llegado, llegarían en un futuro, y que ya se encontraban trabajando de manera cercana con el Servicio de Agricultura Extranjero (FAS) en la embajada de Estados Unidos en México.  

La alianza es clara. Correspondencia entre el presidente de CropLife y el embajador de USTR hablando de los 20 mil millones de dólares que estarían en riesgo si México avanzaba con el decreto nos demuestran una vez más como el interés económico es lo que rige la relación entre la industria y el poder político. “Le pido a México reevaluar estas solicitudes y otorgar permisos de importación”, decía Lightizer, en ese entonces representante de comercio estadounidense, luego de asegurar que el glifosato tenía un historial de seguridad demostrado.

Así como lo hicieron ahora lo habían hecho en 2019 en Tailandia, con el mismo modus operandi. Cuando los funcionarios de un país que cuenta con un 90% de maíz transgénico sembrado se alían con la industria que lo produce, solo se puede decir una cosa: los lobbies andan sueltos.

Para acceder al artículo de The Guardian: https://www.theguardian.com/business/2021/feb/16/revealed-monsanto-mexico-us-glyphosate-ban

Nutri-Score, el aliado de los ultraprocesados

Un sistema de etiquetado de alimentos significaría, para las grandes marcas de comida chatarra, el peor de los escenarios posibles. Porque un método capaz de exponer las indiscriminadas cantidades de azúcar o calorías que se encuentran en los ultraprocesados notificaría con claridad al consumidor acerca del contenido real de los productos. Entonces, la opción que impulsan es el “Nutri-Score”, un sistema hecho a su medida (e interés).

Por: Redacción Bocado

Nutri-Score es un sistema de etiquetado nutricional compuesto de 5 letras (de la A a la E), cada una con un color asignado en la escala del verde al rojo. Un modelo que,  tomando cantidades de 100g o 100ml, mide los aportes nutricionales positivos de cada producto en contraposición con los negativos para luego encasillarlo en una de las cinco posibilidades de etiqueta. Suena complejo, lo es.

Este sistema, elaborado hace 15 años por la Universidad de Oxford, solo se aplica en productos procesados y envasados. El fin de este tipo de rotulado es notificar al consumidor, con un simple vistazo, en qué categoría se encuentra determinado producto para que así si pueda decidir evitarlo o adquirirlo. Para simplificar con un ejemplo: en Francia el paquete coliflores recibe la mejor valoración (la A, con su respectivo fondo verde), mientras que el jugo para chicos Jafun obtiene una E roja.

Existen cinco modelos de sistemas de rotulados. Meses atrás la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó un documento en el cual explicó por qué el método de rotulado alimenticio mediante hexágonos es el más conciso e informativo entre las opciones existentes. Sin embargo, Nutri-Score es el más popular en Europa.

La Unión Europea no alcanzó un consenso por parte de todos los países en el polémico tema del etiquetado. En Alemania, Bélgica, Holanda, Francia y Luxemburgo ya se aplica el modelo Nutri-Score. En Portugal, Suiza y Austria, compañías como Nestlé y Danone anunciaron que, si bien no había sido reconocido oficialmente, utilizarían ese sistema. En Italia las autoridades han demostrado su oposición al método y España anunció que lo implementaría a partir del primer cuatrimestre del 2021.

Un ejemplo claro de los errores del modo de catalogar de Nutri-Score ha sido el del aceite de oliva. Porque en 2018 le dio la valoración D debido a que 100ml de aceite son, evidentemente, pura grasa. En contraposición, bebidas como la Coca Cola Zero mantenían una A como estatus. Al posicionar injustamente a una de las piedras angulares de la dieta mediterránea en una categoría negativa, el sistema demostró una de sus debilidades porque su gradación pone en totalmente positivo a un producto alto en aspartamo y acesulfamo-K, como es la Coca Cola Zero. Serge Hercberg, uno de los creadores de Nutri-Score, asumió públicamente el error.

De todos modos, este no es el error más grave del sistema en cuestión. El verdadero problema de Nutri-Score radica en su incapacidad de exponer de manera clara y concisa la información que el comprador necesita recibir. Porque de alguna manera, ocultan la complejidad de los ingredientes. Mediante la adición de nutrientes positivos, las productoras de ultraprocesados encuentran eficazmente la manera de esconder (pero nunca disminuir) los sorprendentes niveles de azúcar que abundan en sus productos. Y cuando se aplica el Nutri-Score el comprador jamás sabrá que está consumiendo un producto con altos niveles de azúcar, más bien se sentirá a gusto con su producto catalogado con una B en verde claro, que esconde una trampa.

Un ejemplo de este manejo es la línea BIO de los cereales Chocapic. Catalogados en la clasificación B de la escala de Nutri-Score, cualquier madre pensaría que este es un desayuno correcto para sus hijos. Pero en cada 100g de cereal encontramos 9g de proteína, 7,8g de fibra y 25g de azúcar. Los buenos porcentajes en materia de proteína y fibra opacan en cierto modo las cantidades de azúcar y le permiten obtener una buena valoración. Si en lugar del Nutri-Score al mismo producto se le aplicara el sistema de rotulado alimenticio por hexágonos el paquete tendría la advertencia “alto en azúcares”.

Otra debilidad es que Nutri-Score no establece niveles críticos cada 100g. Vale decir, si un ultraprocesado posee 25g de azúcar cada 100g no resulta un problema en sí y el ingrediente puede ser escondido mediante el suplemento de fibra o proteína, por ejemplo. Se pierde el parámetro cuando el otro sistema no tardaría en colocar un hexágono de advertencia de riesgo independientemente de la cantidad de proteína que este posea. Otro ejemplo ilustrativo: el yogurt Danone de fresa, que también logró mejorar su posicionamiento en el Nutri-Score al pasar de la categoría C a la B luego de disminuir su cantidad de azúcar de 12,5g a 11,9g.

“Natural”, “light”, “artesano” son palabras que la industria ha logrado instalar. Términos que nos hacen pensar que un producto es beneficioso para su salud. Sin embargo, detrás de  esos términos hay estrategias de venta e intereses, no la guía para  la alimentación diaria de un individuo.

El Nutri-Socre, que permite ocultar ingredientes y componentes dañinos, pareciera ser un nuevo avance del mercado. Lo respaldan las empresas que son dueñas de productos aultraprocesados. Tal vez por eso no informa al consumidor sino que lo pierde en un semáforo de cinco colores que no exponen la verdad con crudeza.

No más chatarra en las escuelas de Yucatán

México es el país que más padece los estragos del sistema alimentario: una población cada vez más enferma por lo que come (y por lo que no come). Pero es también el país que más y mejores políticas públicas está aprobando. Desde un etiquetado claro a nivel nacional hasta la prohibición de vender comestibles y bebidas a niños en siete Estados. La última medida es la “expulsión” de la comida chatarra de las escuelas de Yucatán.

Por: Redacción Bocado

Los datos son alarmantes. En Yucatán se han registrado casos de hipertensión arterial en chicos de entre 6 y 12 años, situación aterradora que resulta peor aún al asociarse con la tasa de obesidad. Porque según la Organización Mundial de la Salud (OMS), México es uno de los países con mayor índice de obesidad a nivel mundial — un 70% de su población con ese padecimiento — y Yucatán, uno de los 32 estados que lo conforman, una de las zonas donde las estadísticas generan mayor preocupación.

Para combatir la obesidad, indica la OMS, hay que comenzar desde edades tempranas porque los niños con sobrepeso poseen mayores probabilidades de luego ser adultos obesos. Y en México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) registró un crecimiento de 7.8% a 9.7% en la prevalencia de sobrepeso y obesidad en menores de cinco años, entre los años 1988 y 2012.

Se suman a los inquietantes datos ya mencionados que 1.2 millones de los menores de 5 años que viven en ese país presentan anemia crónica y 12,7% padece desnutrición crónica, según los datos proveídos por los Servicios de Salud de Yucatán (SSY) entre 2012 y 2018.

Desnutrición, anemia, hipertensión, obesidad y sobrepeso son preocupantes padecimientos, y más si nos referimos a la realidad de preescolares. Tanto que las autoridades han aprobado medidas importantes de observar. Así como a nivel nacional dieron luz verde a un sistema de rotulado de alimentos que perfeccionó a su antecedente chileno, los gobernantes de varios estados mexicanos están dando más pasos todavía.

En Yucatán, el congreso local reaccionó ante los datos. El 26 de noviembre modificó su Ley de Nutrición y Combate a la Obesidad con un agregado tajante: prohibió la distribución, venta, regalo y suministro de alimentos y bebidas no alcohólicas con exceso de sodio, grasas y azúcares en las escuelas de nivel preescolar y primaria. Es decir, prohibió que se entreguen productos ultraprocesados a niños y niñas menores de 12 años.

La medida resulta importante porque la escuela es la segunda casa de cada niño. Lo dice el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), ya que según sus datos los menores consumen el 50% de sus calorías diarias dentro del ambiente escolar.
Pero los cambios impulsados por el gobierno de Yucatán van todavía más allá: ordenan que las escuelas de educación básica fomenten competencias deportivas y buenos hábitos alimenticios; y promueven el consumo de agua potable o la ingesta de productos orgánicos cosechados por los mismos alumnos (aunque es sabido que son pocas las escuelas con bebederos y menos las que venden frutas o verduras). Otra nueva regla dictada por el gobierno de Yucatán es que los alumnos de la Licenciatura en Nutrición podrán poner sus servicios a disposición de la educación básica, con la posibilidad de hacer un seguimiento personal a los alumnos. El fin, prevenir casos de obesidad o desnutrición y, llegado el caso, tratarlos con precisión.

Yucatán está dejando claro en qué se enfoca. Demostrados sus índices altísimos de obesidad, combate a esa realidad con medidas concretas. Los objetivos se ven claros: concientizar y prohibir aquellos alimentos dañinos para el cuerpo desde edades tempranas. Es decir, formar a personas saludables.